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Una Nuevsa Visión
Una Nuevsa Visión

LOCURA TERCERA.

¿DÓNDE ESTAMOS?

      En la esquina de Luis Moya y Ayuntamiento en el Centro de esta hermosa Ciudad de México, hace de esto ya algunos años, conocí a un limosnero que se sentaba a recabar su sustento diario, pidiendo "caridad"; algunos le socorrían mientras otros, ni lo miraban, otros hasta lo atropellaban y uno que otro malvado chiquillo se burlaba de él. Pero él nunca perdía la paciencia, sino que siempre estaba con la mano tendida esperando su limosna y diciendo, "Que Dios le proteja" a cada uno de aquellos que se apiadaban de él. Verlo y sentir compasión de él, eran una sola cosa; por eso, quienes lo miraban, le socorrían; pero otros, al pasar deprisa, no lo veían ni les importaba la presencia de aquel desgraciado. Él, nunca pedía y solo decía, Dios le Proteja.

      Por aquellos lejanos tiempos, yo trabajaba en uno de tantos comercios de arreglo de licuadoras, lavadoras, planchas y demás enseres domésticos, comercios de los que está o estaba llena la calle Artículo 123 y como siempre llegaba temprano, tenía tiempo para andar de curioso por los alderredores, gracias a lo cual pude observar al limosnero y sus actitudes, que a mí me parecieron extrañas, pues la mayoría de limosneros, piden y piden sus limosnas con sus cantaletas casi iguales de "una limosnita por el amor de Dios" o "estoy enfermo, una ayudita por favor", o "una limosnita por favor", etc., que muchas veces, más nos mueven a la burla que a la caridad; pero este limosnero NO SOLO NO PEDÍA, SINO que daba la impresión de que nada le importaba el hecho de que le dieran la limosna o no; como que eso era algo secundario: como que no estaba ahí para pedir limosna…….. y sin embargo, ahí estaba, pidiendo limosna. La curiosidad me hizo tratar de observarlo mejor y al correr de los días se fue presentando un panorama diferente para mí y aquel que parecía limosnero, también parecía un ídolo por su casi inamovilidad. Un día, me le acerqué……. ahí…… sentado en el suelo…. junto a él……. me atreví a preguntarle algunas cosas……… pues me recordaba al limosnero de una película que siendo rico, se cobijaba en la pobreza para encontrar a la mujer de sus amores…….

      Pero no era así, pues me dijo que realmente era lo que se dice pobre, que dormía donde podía y comía lo que compraba con sus limosnas…… Medio gané su confianza y me dijo su nombre, "Samuel", nombre bíblico, nombre de profeta, pero hasta ahí, porque su estampa era la de un desgraciado…… o… ¿Acaso los profetas tenían esa estampa?

      Pasaron otros días y se empezó a abrir de capa y yo, a conocer su otro lado. Me dijo que había leído mucho y según él, tenía como sesenta años, pero parecía como de cuarenta, aún con lo mugroso de sus ropajes; dijo conocer el mundo y haber viajado mucho y saber muchas cosas. A mí, me pareció que estaba loco, pues lo mismo hablaba de ciencia que de artes, de política o de literatura; como si su cerebro estuviera conectado a un cerebro central que le daba las respuestas adecuadas a cada situación. De verdad, pensé que estaba loco. Y cuanta respuesta me daba, yo la trataba de comprobar mas tarde en fuentes según yo, mas confiables, lo que al despertar mi curiosidad, me obligó a ser un buscador infatigable de la Verdad. Pero !Oh decepción para mí¡ Siempre encontré que sus conceptos eran exactos y basados en datos correctos…. y sin embargo……… Él era un limosnero y seguro que estaba loco….. Yo había oído a hombres borrachos en las cantinas hablar idioteces, pero también verdades, como si en algún momento de su borrachera su cerebro se aclarara y lúcidamente pudieran exponer cosas que en estado normal no conocían o no recordaban…… Pero éste, no estaba borracho, ni siquiera tenía trazas de ser un tomador, luego……. ¡Es seguro que estaba loco!

      Esto que cuento, debo advertir que no pasó en años, sino acaso en cinco o seis semanas; pero los ratos que pasaba platicando con ese hombre, parece que se alargaban en el tiempo y una media hora era como medio día, o al menos, así me parecía. Un día, me dijo que me mostraría algo que a lo mejor me agradaba y que si yo podía, regresara con él a la hora de mi comida; me recomendó que no hablara para nada y que solo estuviera cerca de él, para que pudiera escuchar sus palabras sin que la gente que pasara se diera cuenta que estaba ahí acompañándolo. Le hice caso y esa tarde, en lugar de ir a comer a la fonda de los Caldos de Pollo que se encontraba sobre Ayuntamiento, allá por la "W", me compré dos tortas y me fui con el limosnero, quien desde luego, no quiso aceptar la torta que le ofrecí, porque según él, comía a otras horas y nunca cuando "trabajaba". Era muy profesional desde luego. Y para él, pedir limosna ahí y así como lo hacía, era trabajar, era desempeñar su principal actividad y trataba de realizarlo en las mejores condiciones.

      En aquellos tiempos los PESOS aún valían y circulaban monedas de cinco, diez y veinte centavos de cobre, pesetas de balanza, cincuenta centavos y billetes de los "Colorados" de un Peso de Aquellos; también había pesos de plata y en general, éramos mas ricos que ahora; mi limosnero pues, hacía buen acopio de aquellas bonitas monedas, casi todos los días.

      Pues bien, ese día ya sentado cerca de él, me disponía a dar la primera mordida a mi torta, cuando apenas escuché su voz que me decía "ese me dará un veinte" y el hombre que pasó, efectivamente le dejó una moneda de veinte centavos, de las de pirámide…….. luego oí…… ese me dará un cinco…… y el que pasó….. le dio cinco centavos de los "Josefitas"……… así sucesivamente…… adivinaba que tipo de moneda le iban a dar los transeúntes que pasaban, sin que le fallara una sola vez, lo que yo creía, era su predicción. Veinte o mas personas pasaron y le dieron la moneda que él señalaba, lo que aumentó mi curiosidad y que él notó de inmediato y como adivinando mis pensamientos, me dijo: No, no es que le atine que moneda me darán. ¡Es que YO QUIERO QUE ME DEN ESA MONEDA! Y al decirlo, notaba que sus ojos le brillaban y me entró mucho miedo. ¡No temas! Me dijo casi en un susurro que a mí me pareció un grito. ¡No temas! Repitió, agregando. -Lo que escuchaste es verdad y es por eso que no me preocupa mi apariencia de "limosnero"-, porque ¡HAGO LO QUE QUIERO HACER, COMO LO QUIERO HACER, CUANDO LO QUIERO HACER! ¡MI VOLUNTAD ES MI FUERZA Y MI PENSAMIENTO MI FORMA DE HACERLO!…….. ¡Ahora vete, porque ya se te hace tarde! casi me gritó y yo salí corriendo rumbo a mi trabajo…… Algo extraño pasaba en mí, porque mi Patrón me dijo que parecía asustado y que me largara a mi casa y aunque me preguntó insistentemente si algo grave me había ocurrido, yo solo le dije que casi me iba a atropellar un tranvía……. Él me creyó y sin mas preguntas me mandó a mi casa.

      Nunca había relatado esto a nadie, pues sé que me tratarían de loco; pero ahora lo hago porque ya estoy en las locuras y lo curioso del caso es que, al otro día y un poco repuesto de las sensaciones de angustia que me produjeron las palabras del limosnero, llegué a mi trabajo, pero, en mi paso NO VÍ AL LIMOSNERO EN LA ESQUINA y pensando que quizá se le había hecho tarde, esperaba verlo al medio día. Al salir a comer, TAMPOCO ESTA EN SU LUGAR……. y…… NUNCA MÁS LO VOLVÍ A VER EN MI VIDA, ni en ésa ni en ninguna otra calle de este amplio México, Distrito Federal, cada vez más grande y más salvaje……… A veces pienso que quizá aquello solo fue un sueño mío de juventud, tal vez solo fue una vislumbre de la Verdad; pero las palabras de aquel limosnero grabadas en mi mente, algo hicieron para hacerme tenaz…. "Hago lo que quiero hacer, como lo quiero hacer, cuando lo quiero hacer; mi voluntad es mi fuerza y mi pensamiento, mi forma de hacerlo…."

Hoja 3
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