Leyendas de Zacatlán


Leyendas de Zacatlán que hemos extractado directamente de los trabajos llevados a cabo por el esfuerzo del Historiador Zacateco Sergio Ariel Casique Salvatierra, Bibliotecario de la Biblioteca Luis Cabrera de la Hermosa Ciudad de Zacatlán de las Manzanas, Puebla, República Mexicana.
Con el permiso del mencionado Sr. Sergio Ariel, colocaremos en esta página dedicada casi íntegra a Zacatlán de las Manzanas, las Leyendas de las cuales tenemos los relatos originales en la Compilación que poseemos y respetando la grafía las iremos colocando una por una para deleite y conocimiento de los amables visitantes, escolares, estudiosos e interesados en conocer un poco más de nuestra región.
"Pequeña Advertencia"

.No habiamos querido integrar estas leyendas a nuestra página, porque veiamos que otra página web las tenía publicadas y no es nuestra idea entrar en polémica con nadie, pero después de solicitar la autorización y obtenerla de parte del Sr. Sergio Ariel, estamos en condición de hacerlo y que nuestro público disfrute estos relatos tan hermosos y llenos de emoción.

Atentamente.
El Webmaster
Los Manzanautas.

"Diez Leyendas Zacatecas"

LA CAMPANA ENCANTADA

.(leyenda atenamiteca)

..Era cosa cierta entre los antiguos moradores de Atenamictli que cada 29 de junio, a las doce, y a las veinticuatro horas se oía un repique suave y misterioso entre las aguas del río de San Pedro.

Aquel sitio de campanas lejanas justifica el poder de Camaxtli, era un sollozo de los fundadores de dicho lugar y constituía un presagio para los hombres de buena voluntad.

La principal divinidad de los atenamitecos era Camaxtli, y como supo anticipadamente la traslación del pueblo que fundaron los toltecas en su peregrinación de mar a mar, como a él llegó la queja de los muertos que iban a quedar abandonados, resolvió encantar la mejor campana de Atenamictli, con cuyo sonido guiaría después por el sendero del bien a quienes pudieran conservar la gracia de oírla.

Aquel dios penetraba en los pensamientos de todos y por lo mismo, conocía el ardid de los españoles para trasladar dicho pueblo al lugar que hoy ocupa ésta ciudad.

La noche que conducía sigilosamente los santos y las campanas del primitivo Zacatlán al sitio que de antemano habían elegido, al llegar al río notaron que una de las campanas aumentaba excesivamente de peso, después se dieron cuenta que un poder invisible se las arrebataba y pronto, a pesar de los esfuerzos que hicieron defendiéndola, sintiendo que les faltaba las fuerzas, cayeron desmayados, rodó al río la campana y el sonido que produjo al caer se fue perdiendo lejos, muy lejos...

Repuestos de su impresión se pusieron a buscar la campana, pero ya jamás llegaron a encontrarla, creyeron que tal vez, la corriente, entonces impetuosa, la había arrastrado y que al golpearla entre las rocas, les había dado la sensación de que rodó muy hondo.

Camaxtli llevó a cabo su designio, ayudado de la diosa Chalchiuhtlicue, había encantado la campana.

Los indios, según indicaciones de los frailes franciscanos, salieron a buscar el sitio elegido por los santos para edificar el nuevo pueblo, porque el primero no les gustaba.

Los santos y la campana estaba debajo de unas peñas y entre espesa maleza, en el lugar donde hoy está el convento zacateco, y al cabo de un tiempo fundóse el nuevo Zacatlán que todos conocemos

Atenamictli no fue abandonado del todo, era preciso atender los campos de cultivo del pueblo abandonado y así fue como un día 29 de junio, uno de nuestros antepasados oyó un repique misterioso dentro de las aguas a las doce horas del día.

Con el transcurso de los años, fue observado por todos los pobladores de éste, el hecho fue prodigioso, y por fin llegaron a darse cuenta de que ser repetía el repique a las doce de la noche, en los años subsiguientes.

El sonido de aquella campana a veces simulaba risa, ora una queja, después una llamada. Era que Camaxtli estaba satisfecho de su obra, era que nuestros desaparecidos lloraban por haberse quedado tan solitarios; era una llamada de amor y una promesa de felicidad a todo zacateco.

Pasaron los años como los hilos cristalinos del río, para jamás volver. Camaxtli fue derribado de su altar, de su poder y sus obras se perdieron en el polvo del olvido y del tiempo. Se acabaron los hombres buenos en toda la extensión de la palabra, y por ésta razón; ¡la campana encantada enmudeció para siempre!.

Zacatlán, a 20 de septiembre de 1933

Prof. Baudelio Candanedo


LOS FRAILES

(versión 1)

De regreso de "Los Paredones" , ruina del templo del primitivo Zacatlán, en el barrio de San Pedro, al pie de una calzada, cortada a mano derecha una vereda que conduce a una pequeña hondonada llamada "Balconcillo".

Un poco al sur de este, cuesta arriba, se yerguen las dos piedras que desde hace centurias recibe el nombre de "Los Frailes".

En todos los lugares que como aquí, tribus precortesianas, se conserva alguna leyenda que atestigua la potente imaginación de los náhoas. He aquí una leyenda:

Era el tiempo de la dominación española, sabido es que los particulares, los militares y los sacerdotes se adueñaban de todo, hasta del pudor de las indígenas.

Una de tantas fue pasto de la lujuria de un fraile español y que convirtió en su amante.

Los ancianos dijeron a la víctima:

"Huitzilopochtli odia a los hombres blancos y barbados y castigará a quienes traicionan a nuestra raza; Xochiquetzal no quiere que nuestra sangre se mezcle a las de los conquistadores y enfermará a nuestros hermanos impúdicos; Chiahuaczinmitl, trata de apoderarse de ti para llevarte a su morada obscura y debes de brillar con el esplendor de Quetzalcoatl y Ometecuhtli, indignado de tus pecados, convertirá en piedra a ti y a tu seductor si perseveras en tu error, en tu crimen. Sigue nuestro consejo, si quieres que nuestros dioses te amparen".

Continuó aquel concubinato y se cumplió la sentencia, la india y el fraile se empobrecieron, sufrieron matlazahuatl, fueron arrebatados de su morada y transportados a sitio inaccesible por mano misteriosa, donde quedaron sacrificados para siempre.

Se arrepintieron bien tarde y en vano, oraron por alcanzar el perdón; la mano implacable de los dioses descargó su ira sobre aquellos desdichados y ahí, mientras el mundo no sufra transformaciones algunas, aquellas peñas contarán a múltiples generaciones la leyenda de los Frailes.

Zacatlán a 20 de septiembre de 1933

Baudelio Candanedo


EL FRAILE DE LOS CLAUSTROS

Un día apareció colgado de una viga de los antiguos claustros del Convento un fraile. Poco después, cuenta la leyenda popular, apareció un monje recorriendo los pasillos, al mismo tiempo que se escuchaban tristes lamentos que ponían los pelos de punta al más pintado.

Algunos de los frailes quisieron aclarar el misterio de aquellas apariciones, que según suponían estaban relacionadas con el suicidio de su compañero, pues nunca antes se habían manifestado tales sucesos.

Así que una noche, apareció el fantasma del fraile ante el Superior del Convento para que le perdonase sus pecados, éste, después de escucharlo, lo absolvió, desapareciendo según parece, para siempre, el fantasma del fraile. Algunos dicen que aun se le puede ver por los corredores del claustro.

Se dice, que hace mucho tiempo llegó a estas tierras una mujer de carácter muy liviano llamada Luisa Santamaría que estaba casado con un español que era comerciante.

El monje y la mujer se conocieron, entablándose entre ellos una atracción inmediata, sostuvieron más adelante relaciones amorosas y solían verse con frecuencia en el misma Iglesia o ya en los claustros donde sostenían apasionado romance sacrílego.

Deciánse palabras amorosas al oído, tantas promesas, que llegarían hasta a pensar en separarse de sus obligaciones para hacer vida aparte.

Pero pronto, esta relación ilícita llegó a oídos del comerciante que se llenó de gran furor y de rabia, pero ya en calma, pensó en su situación y para alejar a su esposa del fraile pretextó a su infiel mujer que se debería ir a México a reunirse con sus familiares para una fiesta que se daría y que más tarde, mientras terminaran sus asuntos más urgentes relacionados con sus negocios, le daría alcance en pocos días.

Doña Luisa se puso lívida, gesto que no pasó desapercibido para el comerciante, pero acatando las ordenes de su marido, se retiró a sus habitaciones, tratando de pensar en la forma en que vería su amante para comunicarle la noticia de su viaje. tan pronto estuvo lista, salió a hurtadillas de su casa, dirigiendo sus pasos hasta los claustros, donde se vio con su amante y ahí le comunicó la decisión de su marido de hacerla viajar hasta la ciudad de México, pues suponía que su marido sospechaba de la relación amorosa que existía entre ellos.

El fraile, con el corazón destrozado trata de persuadirle que escapen lejos, donde podían empezar una vida nueva. Doña Luisa se niega, y a pesar de todo el amor que siente por él, piensa que es más sensato que todo termine en esta forma. Ya que tanto él peca con Dios, al que se ha consagrado, y ella peca por serie infiel a su marido. Al fin, ella se aleja con lágrimas en los ojos.

La amante parte al día siguiente, el fraile desesperado, decide quitarse la vida, ahorcándose, poco después de que partiera doña Luisa, siendo su cuerpo descubierto por algunos frailes, que alarmados, comunican de inmediato a su Superior del grave acontecimiento.

Para algunas gentes de Zacatlán, el fraile sigue apareciendo por los corredores del claustro. Hoy este edificio se encuentra convertido en escuela, albergando también una biblioteca y una Casa de la Cultura, pero este relato, no es más que una de las tantas historias que forman el pasado folklórico de Zacatlán.


LA CARCEL DE LA INQUISICION

Aproximadamente por 1730, el pueblo de Zacatlán tenía una cárcel que era manejada por las autoridades locales y por el clero local y donde se tenían implementos de tortura, tales como el potro, la doncella, el chicote y otros aparatos más que servían para atormentar a los pobres infelices que tenían la desgracia de caer en garras de aquellas autoridades y que eran acusados por diversos delitos, fueran ciertos o falsos y que tenían atemorizada a la población por tan semejante lugar de suplicio.

Con el correr de los años este lugar se convirtió en casa particular y después en escuela primaria, después fue otra vez casa particular donde han vivido distintas familias al paso de los años.

La noche parecía más obscura y lóbrega que en otras ocasiones, sólo reinaba el silencio...

De pronto, la puerta de la cárcel rechinó al abrirse lentamente asomando una cabeza cubierta con un capuchón, oteando el ambiente para que nadie percibiese su nefasta y maligna presencia.

La puerta rechinaba, como sintiendo un profundo dolor que le causara a lo que iba a pasar aquella noche, la puerta se abrió por completo.

Varias siluetas negras se dibujaron al salir de ahí y se encaminaron resueltamente hacia un patio que se encontraba frente a aquella cárcel de la inquisición. El monje que iba al frente de la comitiva llevaba un libro, un rosario y una cera. Atrás de él iban otros monjes o frailes, llevando sujeto a un individuo apenas cubierto por una especie de camisa rota y pantalón negro. Iba erguido, resuelto, con las ideas que dan la certeza de la realización de las metas largamente acariciadas.

El convicto era nada menos que el hijo del capitán don Manuel Sánchez de Tagle, quien había sido Alcalde Mayor de Zacatlán, su hijo, en combinación con conspiradores del lugar, trató de levantar a los indios zacatecos para que se libraran del yugo español y de la ignominia de la cual eran tratados., más habiendo sido sorprendido, fue hecho prisionero, y según unas versiones, conducido a la ciudad de México. Mientras tanto, otros cuentan, que se le confinó en la cárcel de Zacatlán, donde fue juzgado, encontrándose el delito de lesa majestad y de donde salió procesado y condenado a la horca. Esa noche, los frailes lo conducían hasta donde se encontraba levantado el patíbulo. La muerte vino por él, pero la sufrió con gran serenidad.

Los años han pasado y algunas familias que han vivido en este lugar han escuchado misteriosos ruidos y lamentos, ruidos de grillos, pasos que produce una persona arrastrando cadenas, sonidos de objetos que ruedan, la sensación que produce cuando algo o alguien está en un cuarto y no se le ve.

La puerta de esta casa atestigua la época en que fue construida, en la parte alta de esta se encuentra una especie de escudo religioso donde se pueden notar dos llaves cruzadas y una especie de gorro de obispo de aquellas épocas. Y entrando en la casa, por el lado izquierdo hay una escalera de madera que conduce al tapango de la casa.

Al pie de esta escalera, dicen los moradores que pueden percibir un tenue velo de fuego que nace desde el piso hasta alcanzar una altura como de un metro y medio y donde pueden distinguir, aunque borrosamente ¡un rostro!

No se sabe que significa la aparición, no hay indicios que se puedan aclarar, pues ello se ha perdido con el paso del tiempo, sólo levísimos recuerdos, sólo una pequeña porción del pasado, en ocasiones es posible rescatar, mientras tanto ¿será acaso una manifestación incorpórea del hijo de don Antonio Sánchez de Tagle?


LA LLORONA DEL RIO

Según dicen las consejas, en algún día de finales del siglo pasado existió una buena y trabajadora mujer que tenía dos hijos, y había quedado viuda desde hacia tiempo y se ganaba la vida realizando trabajos ajenos. Era hacendosa y muy recomendable por sus buenas y sanas costumbres.

Esta mujer se llamaba Leonor, era sus hijos su adoración, atención y cariño, por ellos trabajaba duro y les daba lo mejor de sí. Hubo una ocasión en que tuvo bastante trabajo y no teniendo con quien encargar a sus hijos se los tuvo que llevar consigo para poder realizar así, la ardua tarea que le esperaba, cuando hubo tenido todo listo, se dirigió hasta el río de San Pedro y se puso a trabajar cosa de 20 metros de donde está la cascada, los encargos de la ropa que tenía, mientras sus hijos jugaban por ahí cerca.

No pasaba un buen rato desde que empezara su labor cuando los gritos infantiles de sus pequeñuelos llegaron alarmados hasta sus oídos. Volvió la cabeza asustada y un grito del más profundo horror brotó de sus labios, pudo aun percibir como sus hijos resbalaban por la peligrosa pendiente de la cascada para ir a estrellarse sobre las rocas agudas que se encontraban hasta el fondo.. La pobre mujer quedó muda por un instante, pero rápida como un lince se abalanzó como fiera herida hasta el lugar del incidente para tratar de salvar a sus hijos, pero todo era inútil, la tragedia se había cernido sobre aquella pobre mujer destrozada y en un último esfuerzo supremo como ineficaz y con la razón nublada, se lanzó tras de sus hijos y que al igual que ellos, sufrió la muerte.

Desde entonces, se tomó como una tradición que cada 12 de marzo se apareciera el fantasma de la mujer, lanzando agudos ayes de dolor y con el pesar más profundo, y según dicen algunos vecinos, que cuando ésta se aparece, grita la muy conocida frase de "ay mis hijos", por eso los lugareños la llaman "la llorona del río".

narración de la Sra. María de los Angeles Hernández Larios


EL NAHUAL

En el año de 1896. el pueblo de Zacatlán se conmocionó por una noticia poco creíble, pero que abrigó el temor y la superstición en los semblantes de todos aquellos que escucharon o vieron la aparición de una ave de fabulosas dimensiones.

La noticia corrió como reguero de pólvora y "El Eco de Zacatlán" y el "Hijo del Ahuizote", periódicos de la época., transcribieron los hechos. Y cabe destacar que las personas desde antes del atardecer se iban a sus casas a encerrarse a piedra y lodo.

Y no era para menos esta aparición, según se cuenta, tenía ya por costumbre abalanzarse sobre los niños principalmente. Aquella fantástica ave que asoló a la región durante algún tiempo decían que era un nahuál o algún brujo que vivía más abajo de la barranca. Todo se podía contar. Lo que sucedía realmente es que no sabían de donde procedía aquellos, cuando todos estaban en sus casas y en la quietud de la noche, sólo se escuchaba un batir de alas estruendosas y el ulular del viento al pasar entre el ramaje de los árboles.

No faltó un desprevenido que no creía en cuentos de gente desocupada y andaba por la calle como si tal cosa, y que fuera entonces atacado por aquella cosa voladora. Hubo, cuentan los chismes, muchas víctimas `por más de dos meses mantuvo aterrorizados a los pobladores de las inmediaciones de la barranca. Algunos persistían en la idea de que era un nahuál, el decir, el famoso brujo que vivía en alguna parte de la barranca. Por lo que se formó un grupo de los más decididos para ir a acabar con aquel singular personaje que supuestamente era el nahual transformado en ave gigantesca. Entonces una mañana aquel puñado de osados hombres armados hasta los dientes bajaron hasta la barranca a buscar la casa donde vivía el susodicho brujo. Durante toda la mañana y tarde buscaron infructuosamente; la noche les caía encima, pronto vieron una luz que brillaba entre los árboles, se acercaron cautelosamente a una cabaña que estaba en un recodo y animados por la idea que los había llevado hasta ahí. Obraron resueltamente, penetraron al interior de la humilde choza, encontraron al brujo postrado entregado a una extraña ceremonia, este, al verse descubierto, silbó una melodía de raras modulaciones y al momento se escuchó un graznido aterrador que heló la sangre de aquellos hombres decididos, pero estos, pasados el momento de desconcierto, sacaron sus machetes y salieron a enfrentarse al ave gigantesca resueltamente y no sin un poco de miedo reflejado en sus rostros y miembros. Al poco tiempo habían acabado para siempre con la amenaza aquella. Al volver nuevamente a la cabaña para ajustar cuentas con el brujo, éste había desaparecido. Lo buscaron, pero todo intento fue inútil, no lo hallaron por ninguna parte.

Regresaron a sus hogares, contándose después a todos aquellos que los escucharon, su fabulosa e increíble aventura. Se formó al correr de los años la leyenda del ave fantástica de la barranca. pero cierto o no, los hechos quedaron registrados en las mentes de aquellos hombres sencillos de campo que fueron nuestros antepasados.


EL FANTASMA DEL CONVENTO

Cuenta la leyenda que muchas personas de Zacatlán vieron lo siguiente:

Pasada la media noche, llegaba al templo de San Francisco, de rodillas un hombre vestido a la usanza de la época de la Independencia, entraba aunque la puerta estuviese cerrada, oyéndose después sus lamentos y llantos en el interior del Convento. Y muy de madrugada, el hombre militar que había entrado de rodillas, salía muy compungido, con aire de arrepentimiento y desaparecía así como lo veían llegar.

Esta escena se repetía muchas veces y diversas gentes lo vieron, cundiendo la sorpresa y el espanto de las gentes.

Sigue contando la leyenda, que como a los diez años, una madrugada, el centinela vio pasar una sombra por la plaza del pueblo y le marcó el alto, a lo que la sombra le contestó "SOY EL BRIGADIER FRANCISCO OSORNO, ANDO PAGANDO MIS CRIMENES".

El soldado lleno de espanto corrió a dar cuenta a sus jefes y como a los ocho días murió.

En vista de tales apariciones y tan seguidas, el cura párroco del lugar, para calmar las excitaciones del pueblo, usó el agua bendita y exorcismos por las calles y la plaza, y por los lugares por donde habían visto la sombra.

Ya no volvió a verse por ninguna parte el negro fantasma de Francisco Osorno.

Por este estilo se contaba en Chignahuapan, donde también había cometido sus desmanes.

Relato del prof. Moisés Rivera 1918


LEYENDA DEL SEÑOR DE JICOLAPA

Por el año de 1675, en una de las paredes de adobe que forman los muros de una escuela, comenzó a aparecer una figura informe y obscura, los niños escolapios la borraron con la travesura propia de su edad y volvió a aparecer. Ellos siguieron en su empeño de borrarla, la pintura tornaba a aparecer, tomando cada vez la forma del redentor pendiente de la Cruz hasta el grado de perfeccionarse en la que vemos ahora.

Los chicuelos asombrados de lo que veían dieron parte al maestro y a sus padres que ocurrieron a ver una obra que desde luego juzgaron portentosa, porque se hallaba pintada en la superficie áspera y ojosa de una mala pared de adobe que no estaba revocada y tenía todas las imperfecciones de una construcción burda hecha por incultas y torpes manos.

Desde luego, comenzó a difundirse la noticia por todas partes, aun por los lejanos pueblos, los que en grupos venían a ver una maravilla y rendían obsequios a la imagen de Jesucristo con inciensos, ceras y flores que colocaban sobre una mesa vieja y de pésima condición.

La veneración de la imagen tomaba incrementos cada día y las ofrendas eran mayores por lo que los fieles le hacían promesas para obtener el remedio de sus aflicciones, comenzaron a poner en las paredes retablos y a colgar en la imagen figuras de plata y a veces de oro.

Por más de un siglo, la escuela antigua sirvió de ermita, había un altar en el cual probablemente se haya celebrado el santo sacrificio de la misa.

Por mucho tiempo la imagen estuvo al cuidado de una anciana, entonces aconteció que la ermita se incendió, su techumbre era toda de madera, al igual que el tapango, como se usa por este rumbo, el fuego consumió cuanto había dentro de los muros, sin que sus llamas hubiesen ocasionando algún daño a la milagrosa imagen.

fragmento de una monografía del Pbro. Esteban Morales Ravelo, con fecha de 14 de septiembre de 1900, transcrito por la niña Guadalupe Zamora Cruz.


EL FANTASMA DEL PARQUE

Hace ya mucho tiempo, algunas personas y aun en la actualidad, dicen haber visto que en el antiguo parque Juárez, el fantasma de una mujer vestido con un flotante ropaje blanco, parecido a la neblina vaporosa y que se levantaba del suelo unos palmos.

Alguien ha dicho que las leyendas son mitad fantasía y mitad realidad, a veces se olvidan, pero luego surgen con más fuerza en variedad y forma, pero siempre con la misma esencia que las vio nacer.

¿Verdad o fantasía? quien sabe, pero siempre están latentes en la vida diaria de los pueblos.

No sabemos que hechos acaecieron alrededor del fantasma del parque, pero según se cuenta, cuando las noches son más negras y frías y la neblina baja hasta ras del suelo, suele aparecer este espíritu en pena que camina sin tocar el suelo.

Anteriormente, cuando hubo zanjas alrededor del parque, se vio aparecer a este fantasma singular. Se dice que uno de tantos deambulantes nocturnos la vio y quiso seguirla, entonces la mujer aquella pasó al otro lado del parque sin brincar las zanjas, como flotando, en aquel momento volvió la cabeza, y soberano susto que se lleva el individuo, pues la supuesta mujer aquella, al volver el rostro a su perseguidor, le mostró su rostro de calavera, y que parecía sonreírle irónicamente, al que creyó que fuera una mujer de carne y hueso.

relato contado por el señor Luis Hernández


EL BURRO DE LAS OREJAS MOCHAS

Una persona de ya muy avanzada edad iba despreocupadamente por uno de los tantos caminos que cruzan la bella región tlaltempense, sin importarle por un momento el paisaje que le rodeaba, que ya era harto conocido por él, pues toda su existencia había vivido inmerso en él, y por lo tanto, todo le era tan familiar. Y así sumido en sus pensamientos regresaba a su casa, después de haber arreglado algunos asuntos en Cuautilulco y que satisfactoriamente había resuelto antes de lo previsto. En esto iba pensando, cuando a lo lejos vio a un inocente y trabajador burro que algo traía sobre su adolorida espalda, pero corto de vista que era, no distinguió su cargamento. Esperó a que se acercara más a él, además que todos los días se ven burros andando solitarios por las veredas de aquellos lugares, y como este hecho no era de su incumbencia, se volvió a hundir en los pensamientos que más le preocupaban.

Cuando aquel burro estuvo a su alcance, algo vio en él que llamó prontamente su atención y sin decirle al pobre burro ¡agua va!, lo arremetió a bastonazos contra el pobre jumento. El burro quedó sorprendido ante el ataque de que era objeto de parte de su repentino agresor, de momento no atinó a nada que hacer, aunque después trató de defenderse a cuatro pezuñas contra el ataque demoledor de aquel energúmeno, que aparte de soportar sus golpes venía cargando dos puercos así de gordos y apetitosos. Cansado y adolorido no tiene más remedio que abrir su gran bocaza y hablar lastimosamente: "no me peques compadre, yo soy tu compadre, ya no me peques, y no me acuses y te doy un puerco" , el furibundo señor no estaba sorprendido de que el animal hablara, y a sus palabras no hizo ningún caso y siguió tundándole, y aquel como pudo se escapó entre los matorrales de los alrededores. El individuo, acto seguido, vino a acusar al burro a la Presidencia Municipal, que por momentos lo tomaron como loco peligroso, pero ante las insistencias de este, de que el burro no era burro sino un nahual, y además, ¡válgame Dios! su compadre del alma. pero quedaron las atónitas autoridades, pero aquel alegaba que lo había reconocido porque tenía las orejas mochas, ya que le habían contado sus papás y otras personas, que los animales que viera que tuvieran un defecto físico como este, es que eran brujos que se transformaban en animales para hacer daño a la gente.

Total, que le hicieron caso y fueron a buscar al supuesto nahual hasta donde vivía, pero cuando llegaron a la choza del brujo, éste había desaparecido, y junto con él, su familia. Nunca más los volvieron a ver, y mucho menos al burro de las orejas mochas.




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